¿Los dispositivos de concentración de peces (DCP) dañan nuestros océanos?
Los dispositivos de concentración de peces (DCP) son objetos fabricados por el hombre que utilizan tanto las flotas extranjeras como los atuneros ecuatorianos para atraer a los peces fuera de la Reserva Marina de Galápagos y poder capturarlos.
¿Cómo funcionan los dispositivos de concentración de peces (DCP)?
Muchos tipos de peces eligen nadar con objetos flotantes cerca de la superficie del agua en mar abierto, muy probablemente para protegerse. Los peces más pequeños suelen hacerlo rápidamente, atrayendo con el tiempo a una comunidad de especies depredadoras de mayor tamaño.
Durante cientos de años, los pescadores han aprovechado este comportamiento para optimizar sus capturas, tanto buscando objetos flotantes naturales como creando réplicas artificiales. Sin embargo, esta práctica histórica ha evolucionado con el tiempo hacia algo a mucha mayor escala y tecnológicamente más sofisticado.
En la actualidad, muchos dispositivos de concentración de peces consisten en grandes balsas flotantes con redes y cuerdas colgadas debajo y boyas equipadas con un sonar, lo que permite a los pescadores conectarse electrónicamente y ver cuántos peces hay y a qué profundidad. Los DCP pueden estar ‘anclados’ (al fondo marino) o ‘a la deriva’. Los primeros suelen utilizarse para atraer especies de aguas profundas a las zonas costeras. Por ejemplo, en la Reserva Marina de las Galápagos, algunos DCP se colocaron para ofrecer a los pescadores oportunidades alternativas a la captura de especies sobreexplotadas o la pesca en hábitats vulnerables.
Más problemáticos son los dispositivos de concentración de peces a la deriva (DCP), utilizados principalmente para la pesca industrial del atún con red de cerco, una forma de pesca en la que se ‘cala’ una enorme red en un banco de atunes (a menudo uno atraído por un DCP) y se recoge todo lo que hay cerca.
Muchos dispositivos de concentración de peces consisten ahora en grandes balsas flotantes con redes y cuerdas colgadas debajo y boyas equipadas con sonar...
¿Por qué ha aumentado tanto el uso de DAF?
En 2015 se estimó que los cerqueros desplegaban más de 100.000 dispositivos de concentración de peces a la deriva al año (Gershman et al., 2015) y es probable que su número haya aumentado aún más desde entonces. Los DCP a la deriva han sido adoptados con tanta rapidez y entusiasmo por los pescadores porque hacen que la pesca sea mucho más eficiente: Los DCP se dejan fuera durante meses para atraer a los atunes, los pescadores acuden entonces sólo cuando el sonar les informa de que se han agrupado suficientes atunes y recogen toneladas de valiosas capturas.
Se cree que la introducción y el uso generalizado de DCP tecnológicamente sofisticados es una de las principales causas de que las capturas de las principales especies de atún comercializadas se hayan más que duplicado desde principios de los años 90 (Gómez et al., 2020).
> 100 k
plantados a la deriva desplegados cada año por cerqueros
¿Cuáles son los inconvenientes de los dispositivos de agregación de peces?
Aunque los pescadores industriales han adoptado los DCP de deriva como medio eficaz para mejorar las capturas y reducir los costes de explotación, su uso generalizado en las pesquerías de atún se ha convertido en un importante problema de conservación, debido a sus numerosos efectos ecológicos negativos:
- Repercusiones en las poblaciones de atún: Las grandes capturas que permiten los DCP pueden facilitar la sobrepesca.
- Creación de ‘trampas ecológicas’: Algunos científicos sugieren que el despliegue de DCP a gran escala está modificando los patrones de movimiento del atún y llevándolo a zonas menos adecuadas.
- Impactos sobre las especies no objetivo: Los DCP también atraen a especies ‘no objetivo’ que corren el riesgo de ser capturadas, sobre todo atunes juveniles y especies vulnerables de tiburones y rayas. Las cuerdas que cuelgan de los DCP para atraer a los peces también suelen enredar a tiburones y tortugas.
- Contaminación marina y daños al hábitat: Se calcula que sólo se recuperan 10% de los DCP desplegados a la deriva. Como los DCP están compuestos principalmente de materiales no biodegradables, incluido el plástico, representan una importante fuente de contaminación marina. Los DCP abandonados siguen atrayendo y enredando la vida marina en sus cuerdas colgantes, lo que también puede dañar hábitats como los arrecifes de coral.
Además, existe la preocupación socioeconómica de que los DCP permitan a las flotas tecnológicamente avanzadas que faenan en mar abierto hacerse con una parte desproporcionada de las capturas, privando a las comunidades costeras de oportunidades de pesca.
Informes recientes han puesto de relieve la amenaza que suponen los DCP a la deriva (conocidos localmente como plantados) suponen para la vida marina de Galápagos: son utilizados tanto por flotas extranjeras como por atuneros ecuatorianos para atraer a los peces fuera de la Reserva Marina y poder así capturarlos. Además de atunes, peces vela y marlines, tiburones, leones marinos, tortugas y delfines siguen a estos DCP hacia aguas inseguras.
10 %
de los DCP a la deriva desplegados se recuperan realmente
¿Qué se puede hacer contra la pesca con DCP?
Si los DCP a la deriva van a seguir utilizándose (y sin duda hay serias dudas sobre si debería ser así), es necesario tomar medidas urgentes para garantizar que su uso se regule de forma mucho más eficaz con el fin de mitigar el importante riesgo medioambiental.
La responsabilidad de gestionar el uso de los DCP recae en las Organizaciones Regionales de Ordenación Pesquera (OROP), organismos internacionales formados por países que comparten un interés por los recursos pesqueros de una región concreta. Hasta ahora, aunque muchas de ellas han puesto en marcha algunas medidas, en general no han conseguido que la normativa siga el ritmo de la magnitud del problema. Las OROP suelen avanzar con lentitud, en parte debido a sus modelos de toma de decisiones basados en el consenso. Las decisiones que contradicen el asesoramiento científico también son demasiado comunes en estos foros, posiblemente debido a los intereses creados de los países participantes.
Como punto de partida, algunas de las normativas y requisitos clave que todas las OROP deberían poner en marcha urgentemente son:
- Exigencia de planes detallados de gestión de los DCP: aunque muchas OROP ya los exigen técnicamente, se ha sugerido que “una vez archivados, rara vez o nunca se actualizan y, en general, parecen considerarse un requisito burocrático con escaso valor práctico y aplicable” (Gómez et al., 2020).
- Mejora de la transparencia y el seguimiento para garantizar el cumplimiento de los planes de gestión de los DCP: en la actualidad, los conocimientos científicos sobre el impacto de los DCP se han visto frenados hasta ahora porque los buques vigilan estrechamente los datos de seguimiento de los DCP debido a la ventaja competitiva estratégica que les confiere. Algunos sugieren también que la propiedad de los DCP debe estar claramente identificada y rastreada para garantizar la responsabilidad por los impactos (por ejemplo, exigiendo esfuerzos para recuperar los DCP perdidos o abandonados).
- Establecer límites científicos significativos para el despliegue de DCP y el número de redes de cerco, incluidas limitaciones estacionales y temporales adecuadas.
- Limitaciones más estrictas en el diseño de los DCP: por ejemplo, exigir el uso de diseños de DCP no enmallantes o biodegradables o de ecosondas que permitan la discriminación de especies.
Tratado Mundial sobre los Plásticos
Pedimos a los líderes mundiales que acuerden un Tratado Mundial sobre los Plásticos ambicioso y jurídicamente vinculante que acabe con la lacra de la contaminación por plásticos.
Cómo ayudar
Ayúdenos a conservar los tiburones de las Galápagos en peligro de extinción donando hoy o adoptando un tiburón martillo.
Artículos relacionados
¿Puede el Tratado de Alta Mar proteger la vida marina en Galápagos?
Una década de seguimiento del tiburón ballena