Cómo la tecnología está cambiando la conservación en Galápagos
Desde drones no tripulados y sensores acústicos hasta notables avances en inteligencia artificial, las nuevas tecnologías están desempeñando un papel clave en la conservación de las Islas Galápagos.
Cuando Charles Darwin hizo su histórica visita a las Islas Galápagos en 1835, llegó en un barco repleto de la última tecnología. El HMS Beagle, El barco, de sólo 90 pies de proa a popa, llevaba cronómetros, barómetros, teodolitos y microscopios, además de una biblioteca con unos 400 volúmenes, donde Darwin dormía en una hamaca colgada de la mesa de dibujo.
Aunque muchas de las islas tienen hoy el mismo aspecto que en tiempos de Darwin, la tecnología de que disponen los científicos que trabajan en las Galápagos ha evolucionado de un modo que habría sido casi inimaginable para el gran naturalista. Los satélites en órbita alrededor de la Tierra permiten no sólo la navegación de los barcos, sino el seguimiento en tiempo real de animales individuales en tierra y en el océano; los drones no tripulados pueden cartografiar las costas y crear modelos del terreno en 3D con una precisión centimétrica; los avances en genética nos permiten detectar la presencia de especies a partir de trazas de su ADN en el agua o el suelo; y los recientes avances en inteligencia artificial prometen transformar la forma en que se recogen, analizan y utilizan los datos para fundamentar las estrategias de conservación y proteger los hábitats amenazados.
Control de la fauna salvaje en zonas remotas
Los investigadores y conservacionistas que trabajan en Galápagos se enfrentan a una serie de retos a la hora de recopilar datos. Gran parte del terreno es rocoso e inhóspito, es difícil desembarcar en las costas y no hay carreteras ni otras infraestructuras en las zonas de los parques nacionales reservadas a la vida salvaje. Minimizar la perturbación de los hábitats frágiles es también una consideración clave. Fuera de las zonas pobladas, la cobertura de Internet y telefonía móvil varía de irregular a inexistente. Puede ser difícil encontrar embarcaciones adecuadas para los viajes de investigación, y muchas especies marinas recorren enormes distancias, mucho más allá de los límites de la Reserva Marina de Galápagos.
Estos retos no son exclusivos de las Galápagos, por supuesto, y la vigilancia a distancia de la fauna salvaje no es nada nuevo. Se atribuye al congresista estadounidense George Shiras III la invención de la primera cámara trampa en la década de 1890, un sencillo dispositivo con un cable trampa que activaba una cámara y un flash. Las cámaras trampa actuales son mucho menos intrusivas, ya que utilizan infrarrojos para detectar el movimiento. especies invasoras como las ratas. Las cámaras trampa pueden proporcionarnos datos sobre los movimientos y comportamientos de la fauna salvaje, y sobre cómo interactúan las especies, tanto con otras especies salvajes como con los humanos.
En los últimos años también ha aumentado rápidamente la popularidad de la vigilancia acústica como herramienta de conservación. Gracias a los avances tecnológicos, los sensores acústicos son cada vez más asequibles y, al igual que las cámaras trampa, no son invasivos y pueden dejarse in situ durante semanas o meses. Incluso el teléfono inteligente que llevamos en el bolsillo puede grabar e identificar el canto de las aves, lo que abre interesantes posibilidades para la ciencia ciudadana. Al igual que las cámaras trampa, los sensores acústicos nos permiten estimar la densidad de población, las tendencias de comportamiento y las molestias causadas a la fauna por la actividad humana. En Galápagos, esta tecnología se ha utilizado para controlar el éxito de las introducciones de especies, como en Isla Pinzónd, donde nuestros socios trabajan para restablecer el pinzón carpintero, extinguido en la zona.
Incluso el teléfono inteligente que llevamos en el bolsillo puede grabar e identificar el canto de los pájaros, lo que abre interesantes posibilidades para la ciencia ciudadana.
Sin embargo, el uso de cámaras trampa y otros equipos de vigilancia a distancia plantea algunos problemas, sobre todo en un entorno como las Galápagos. Hasta ahora, la captura con cámaras trampa dependía de que alguien recogiera físicamente los datos de cada cámara, lo que antes significaba un rollo de película y hoy en día significa recuperar una tarjeta de memoria.
Una de las novedades más interesantes de la tecnología de la conservación es la posibilidad de desplegar sensores en red, lo que significa que las cámaras trampa, los registradores acústicos y otros equipos pueden conectarse en línea a través de WiFi, redes celulares o satélites, lo que permite la vigilancia y el seguimiento en tiempo real y reduce la necesidad de mantener físicamente estos dispositivos sobre el terreno. Este acceso a los datos en tiempo real cambia las reglas del juego a la hora de abordar problemas como la caza furtiva o la deforestación, así como de vigilar la presencia de especies invasoras, incluso tras un proyecto de erradicación como el de Floreana.
Satélites y seguimiento GPS
Como muchas de las tecnologías que han revolucionado nuestras vidas en las últimas décadas, el Sistema de Posicionamiento Global (GPS) fue desarrollado inicialmente para uso militar por el Departamento de Defensa de Estados Unidos. En los años 80, el Presidente Reagan autorizó el uso civil del GPS, y ahora es difícil imaginar nuestras vidas sin el navegador por satélite y Google Maps. Es poco probable que los científicos e ingenieros que desarrollaron el GPS hubieran imaginado alguna vez que algún día se utilizaría para seguir la evolución de las tortugas gigantes de las Galápagos en su migración anual entre las tierras altas y las tierras bajas, ¡con rastreadores cuidadosamente pegados al caparazón de cada tortuga!
La tecnología por satélite también es utilizada por la Proyecto Galápagos Tiburón Ballena, Los datos recogidos sobre las rutas migratorias de especies como el tiburón ballena fueron fundamentales para defender la ampliación de la Reserva Marina de Galápagos en 2022. Los datos recogidos sobre las rutas migratorias de especies como el tiburón ballena han sido fundamentales para la ampliación de la Reserva Marina de Galápagos en 2022. Los satélites también tienen un papel que desempeñar en la vigilancia de las zonas marinas protegidas, ya que permiten a las autoridades identificar la actividad ilegal de los buques, mientras que en tierra pueden utilizarse para vigilar la deforestación, la pérdida de hábitats y los efectos del cambio climático.
Drones en Galápagos
El uso de vehículos aéreos no tripulados (UAV), más conocidos como drones, es otra tecnología revolucionaria que se está implantando cada vez más en el archipiélago de Galápagos. Los drones permiten a los investigadores y a los guardas del Parque Nacional de Galápagos inspeccionar lugares remotos y de difícil acceso, ya se trate de contar iguanas marinas o identificar las costas donde se acumula la contaminación por plásticos. Los drones también pueden ayudar en la erradicación de especies invasoras, como en Seymour Norte y Mosquera, donde se utilizaron drones para distribuir cebos en un exitoso proyecto que llevó a que ambas islas fueran declaradas libres de roedores invasores en 2021.
Uno de los principales obstáculos para ampliar el uso de drones en Galápagos es la falta de capacidad local, por lo que GCT está trabajando con nuestros socios Conservation International - Ecuador y Airborne Platforms Ltd para formar a más guardaparques del Parque Nacional Galápagos como operadores de drones. La conectividad a Internet también ha sido un gran obstáculo, ya que la lentitud de la conexión impide el uso de soluciones de datos basadas en la nube. Sin embargo, esto está cambiando ahora, con el despliegue de servicios como Starlink, que promete mejorar drásticamente la capacidad de cartografía precisa, permitir la automatización de los estudios con drones y acelerar el procesamiento de los datos.
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Inteligencia artificial y aprendizaje automático
Con tanta información recopilada a través de las herramientas que ya hemos comentado, los conservacionistas se enfrentan a otro reto: cómo procesar conjuntos de datos tan vastos. Aquí es donde los recientes avances en inteligencia artificial (IA) y aprendizaje automático están abriendo nuevas y apasionantes posibilidades.
En Floreana, los equipos han desplegado un nuevo equipo llamado Sentinel, desarrollado por Conservation X Labs. Sentinel es un dispositivo que se conecta a las cámaras trampa y utiliza inteligencia artificial para filtrar y procesar las imágenes a medida que se graban. Las imágenes destacadas se envían a los usuarios por satélite o redes celulares. Los algoritmos de aprendizaje automático pueden entrenarse para reconocer especies concretas, lo que significa que el sistema puede utilizarse para alertar a los investigadores en tiempo casi real de la presencia de especies invasoras. Los modelos centinela que se están utilizando en otras partes del mundo también son capaces de reconocer cambios en el comportamiento de los animales que podrían indicar la presencia de determinadas enfermedades.
En Floreana, organizaciones como nuestros socios de Island Conservation llevan varios meses utilizando los Sentinel conectados a Reconyx y otras cámaras trampa, y la fiabilidad de la IA como herramienta para compartir actualizaciones precisas y casi en tiempo real desde el terreno es prometedora. Otras funciones de Sentinel, como el envío de imágenes de baja resolución por satélite para su verificación humana, están ayudando a utilizar los datos sobre el terreno para tomar decisiones rápidas.
La capacidad de la IA para obtener información a partir de fotografías y vídeos, lo que se conoce como ‘visión por ordenador’, tiene muchas aplicaciones valiosas para la conservación. El Proyecto Galápagos Tiburón Ballena (GWSP) está ayudando a crear una base de datos mundial de tiburones ballena individuales utilizando imágenes tanto del propio proyecto como de buceadores, científicos y fotógrafos aficionados de todo el mundo, que pueden subir sus fotos de tiburones ballena a través de la página web Sharkbook.ai plataforma.
Un algoritmo similar a los utilizados por la NASA para rastrear estrellas se utiliza entonces para identificar tiburones ballena individuales basándose en su patrón único de manchas, y permite al equipo de la GWSP ver adónde van los tiburones ballena cuando abandonan la Reserva Marina de Galápagos.
Investigadores de la Universidad de Utrecht, que forman parte de nuestra Plásticos del Pacífico: De la ciencia a las soluciones han utilizado el aprendizaje automático para crear un modelo predictivo que identifica los mejores lugares para las limpiezas de plásticos, mientras que una iniciativa llamada Proyecto CETI utiliza lo aprendido con grandes modelos lingüísticos (como ChatGPT) para interpretar y traducir la comunicación entre cachalotes frente a la isla caribeña de Dominica. Esto plantea la tentadora perspectiva de la comunicación entre especies, con todas las implicaciones que ello conlleva.
Aunque la implantación de estas nuevas tecnologías plantea muchos retos -costes iniciales, desarrollo de capacidades, cobertura de Internet desigual, normativas y permisos, falta de normas técnicas consensuadas, además de consideraciones muy importantes sobre la ética de tecnologías como la IA-, los beneficios potenciales son enormes. El aumento de la colaboración y el intercambio de información entre proyectos y disciplinas, junto con la capacidad de analizar enormes conjuntos de datos y responder a las amenazas en tiempo real, nos dará una oportunidad de luchar contra la doble crisis de la seguridad y la defensa. cambio climático y la pérdida de biodiversidad. Y lo que es más, estas tecnologías ya nos están proporcionando información inestimable, ayudando a identificar las zonas prioritarias para la protección y equipando a las autoridades para asumir la considerable tarea de vigilar las zonas protegidas en tierra y mar.
Los algoritmos de aprendizaje automático pueden entrenarse para reconocer especies concretas, lo que significa que el sistema puede utilizarse para alertar a los investigadores casi en tiempo real de la presencia de especies invasoras.
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