La leyenda de Patrick Watkins
El primer residente conocido de las Galápagos fue Patrick Watkins, un irlandés abandonado (a la fuerza o quizá voluntariamente) en Floreana entre 1807 y 1809.
Según el capitán de la marina norteamericana David Porter, que pasó por las islas en 1813, Watkins se había construido “una miserable choza” a una milla tierra adentro de lo que hoy es Puerto Velazco Ibarra, donde cultivaba calabazas y patatas para comerciar con los balleneros de paso a cambio de ron o dinero en metálico. El aspecto de este ermitaño, escribió Porter, “era el más espantoso que pueda imaginarse”, con ropas harapientas que lo dejaban semidesnudo, con la piel quemada, la barba y el pelo rojos y enmarañados, “y tan salvaje y salvaje en sus modales” que “a todo el mundo le causaba horror.”
Armado con ron, Watkins parece haber intoxicado a cinco marineros desprevenidos y los ocultó hasta que sus barcos zarparon. Los trató como esclavos y se convirtió en “el más absoluto de los tiranos”. Finalmente robó un pequeño esquife a un navío que pasaba por allí y escapó de la Floreana encantada hacia tierra firme, acompañado de su banda de hombres.
Sólo Watkins llegó a Guayaquil, “los demás que navegaban con él perecieron por falta de agua”. O quizá los obligó a tirarse por la borda para reducir la competencia por el escaso recurso. El duro e impredecible entorno de las Galápagos suele suponer un estrés extraordinario para las especies que lo han colonizado. Como demuestra la historia de Patrick Watkins, los humanos no son una excepción.
Galápagos: una historia natural
El fantástico libro de Henry Nicholls ofrece una brillante visión general de la historia de las Islas Encantadas, desde su origen volcánico hasta la llegada y el impacto de los humanos. Es una lectura obligada, tanto para los que visitan las islas por primera vez como para los veteranos.
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